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LA HUELLA EN EL ESPACIO

En la obra de Bernabé Gilabert se percibe la herencia de un empeño persistente de buena parte del arte contemporáneo, crear con los objetos residuales de la vida cotidiana, reinventar el mundo con los restos inútiles del consumo, en el fondo resituar las vivencias en la memoria dándoles un nuevo color y una renovada vigencia.

 

RODRIGO

Rodrigo González Martín - Segovia | 16/02/2010

Los materiales de las obras de Gilabert son los viejos y pobres palés que con frecuencia encontramos amontonados en cualquier obra o almacén. En el ajetreo de las mercancías necesitamos inventar estas plataformas de maderas vulgares, como pinos o chopos, que nos permiten almacenar o transportar con más facilidad y seguridad los más diversos productos. Estos soportes funcionales se transforman en ventanas de arte, en recuadros de colores y nostalgias. "Objetos encontrados", recuperando el nombre neutro con que M. Duchamp inicia esta recalificación creativa, que conforman un nuevo mundo, que ordenan una retícula consistente para recibir colores planos y telas calladas, azulejos desconchados y ventanas sin mirada que disimular.
Los palés aún conservan sus marcas de origen recordándonos su humilde procedencia y su origen ajeno. Arte reciclado, arte recuperado, arte reutilizado, para reinventar una nueva circularidad de vivencias y de signos. De alguna forma la pobreza material de los recursos reinventa una estética sin uso, un lenguaje resignificado. El palé se levanta del suelo a la pared, de la mirada soportada e indiferente a la presencia consistente y estructurada.


La serie "D-Construcción", que integra la mayor parte de las obras expuestas en las Salas de las Caballerizas del Torreón de Lozoya de la Obra Social y Cultural de Caja Segovia, nos ofrece composiciones fuertes, con bastidores de madera sobre palés, ordenando materiales y recuerdos de viejas cocinas y alcobas, integrando collages de acrílicos anónimos, textiles sin tacto y azulejos descatalogados.
Cada obra deconstruye y reconstruye un mapa en nuestra memoria tenue de casas deshabitadas y emociones enjalbegadas. Por eso los colores acrílicos en sus tonos chillones nos despiertan vivencias dormidas, como queriendo reteñir una vida dura y grisácea. Pretendiendo reinventar un paisaje dolido con formas ordenadas y colores encendidos
La serie "Des-habitados" refuerza la búsqueda de esa memoria huida y que revive en tabiques desvencijados y hastiales impúdicos las casas que guardaban nuestros sueños. Las ocho piezas de la serie "Des-habitados" tal vez aporten la mayor sugerencia poética de la exposición de Bernabé Gilabert. Cada obra representa un corte axial lateral de la desmemoria doméstica. Espacios vacíos, escaleras sin pasos ni bullicios, cocinas sin risas, balcones sin flores, ventanas sin visillos, comedores sin olor, alcobas sin amor. Cubismo muerto y vida ausente. Son composiciones más contenidas, en vano queremos ni podemos hacer jactancia, tan siquiera formal, de la desmemoria.


Al final de la exposición, si seguimos un recorrido natural, nos encontramos con una serie de "Cajas", primera en la cronología creativa. Son cuatro piezas de cajas con cobertura translúcida y una caja reciclada, la más inquietante. Joseph Cornell ya nos desveló el misterio de la caja, como microcosmos, el tesoro que nos reservamos para nuestra memoria íntima. Cada caja supone un instante de supervivencia. La venda manchada, el agua oxigenada ya evaporada, la tijera oxidada, poco importa. La memoria valiosa es la más sucia, la más contaminada, donde guardamos herramientas inútiles y recetas probadas.


En todo caso, las piezas más sugerentes de la exposición son pequeñas esculturas, módulos ínfimos de madera que nos visualizan la nueva casa. Propuestas incipientes de construcciones imaginarias. Espacios habitables tan ideales como compactos, aún cerrados, sin ventanas.
A la sombra de Esteban Vicente, una vez más, intuimos que estos proyectos modulares se ampliarán, que volverán a llenarse de vida y de color, de risas y de olores.

 

LUGAR: Sala de la Caballerizas. Torreón de Lozoya. Obra Social y Cultural de Caja Segovia. Plaza de S. Martín

 

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