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PERCEPCIÓN y MEMORIA EN B. GILABERT

Septiembre del 82. Daba comienzo en Almagro el II Curso de Arte para los becados por la Fundación Cultural Castilla-La Mancha. De Madrid llegaron Antonio López García, Guijarro, Manuel Villaseñor, García Ochoa, Isidro Parra, Ubeda, Francisco López, Vargas....., Isidro Antequera como director del curso. Entre los jóvenes pintores, Joaquín Rivas, Elvira Carrillo, Mª Jesús Martínez, Ángel Pintado, Pepe Carretero Julián Gómez, Bernabé Gilabert....., y tantos otros.

 Eran tiempo de comunicación, tertulia, diálogo, convivencia en torno a la experiencia del arte; el dibujo, los materiales, perspectivas, el pensamiento y la vida; no sólo la técnica, la luz y el color, sino el trato humano y cercano del artista y su expresión en la memoria de un tiempo alimentado de belleza. Para algunos de aquel grupo, cerca ya de veinte años de trabajo, aquellos instantes se constituyeron en un continuo presente de investigación de conocimiento, permanente inquietud y avidez de nuevas percepciones; hallar, por un a parte, la comunión de ese espíritu de belleza que ha ido deslizándose en la historia del hombre como el suyo propio, como un eslabón más en el tiempo y, por otra, mantener ese diálogo abierto y libre con sus contemporáneos a nuevas propuestas en el devenir de la propia identidad.

El discurso de Gilabert ha venido dado como el de algunos de sus compañeros de entonces, Carretero, Pintado..., por un fuerte carácter ético que impedía todo tipo de concesiones materiales y, menos aún, morales; ha sido un proceso de lealtad, donde lo universal se hace personal en cada una de sus obras elaboradas en el estudio, alejándose de los agobios que lleva implícito el mercado en un campo de engolamiento y vacua pedantería, de persistente banalidad, evitando el dislocamiento al espíritu personal. En todos estos años, he visto en ellos un claro referente de lo que es compartir una misma actitud ética y estética. Sus historias o memorias han sido expuestas en la diversidad de sus indagaciones y experiencias, y cada una de sus obras son cuestiones de lealtad y fidelidad a sus propios recuerdos, llegando a impedir la sospecha de pulsiones no deliberadas.

En esta última oferta, nos muestra un conjunto de imágenes significativas como resultado de un nuevo proceso de conocimiento y descubrimiento que nos acerca al expresionismo abstracto, el conceptualismo y al estructuralismo, donde la figuración de otro momento es representada en manifestaciones lúdicas de color, luces que se expresan y ordenan por sí mismas. Que nos hablan de sus estudios en el Reina Sofía sobre el Informalismo y las vanguardias y su acercamiento poético a José Ángel Valente. Sus collages, de contenido barroco, se presentan ensamblados de múltiples recuerdos que se agolpan a la memoria como instantaneas afines a la magdalena de Proust en complicidad con el espectador. Su obra, de racionalismo y pluralismo de valores, evita la mirada frívola y fugaz e invita al silencio en un coloquio reflexivo y meditativo que rechaza lo acabado y definido, y propone el transcurso vital de una historia actualizada y personal. Su acción, pues, como cualquier relación humana, lleva implícita una total implicación, una compañía activa y permanente, un compromiso existencial.

José Berlanga- 2000.- Inagurac. Expo. G.A. Sabapé.-

 

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